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  Diagnóstico  

El diagnóstico del asma es fundamentalmente clínico. Por eso es tan importante la información que trasmitimos a nuestro médico. No obstante, a veces es necesario realizar ciertas pruebas complementarias.

Pruebas de función pulmonar. Las pruebas de función pulmonar muestran el grado de alteración del flujo del aire evaluando el volumen espiratorio forzado en el primer segundo (VEF1 o FEV1) y el flujo espiratorio máximo (FEM).

Ventilación frecuente
Son muy útiles para determinar el grado de obstrucción y la respuesta de las vías respiratorias al tratamiento broncodilatador. También nos permite medir la respuesta a la exposición a alergenos y sustancias químicas inhaladas. Deben realizarse antes y después de utilizar un broncodilatador para determinar el grado de reversibilidad de las vías respiratorias, una de las características fundamentales del asma. Estas pruebas deben realizarse por personal especializado para obtener valores fiables de la función pulmonar.

Radiografía. Se realizan con la intención de excluir la presencia de otras enfermedades que se manifiestan con síntomas parecidos al asma. En los pacientes con asma suele ser normal o tener datos de excesiva expansión de los pulmones.

Pruebas cutáneas. Son útiles cuando se sospecha que el asma es de origen alérgico. Se suelen realizar pruebas cutáneas para detectar reacciones alérgicas a sustancias que se asocian habitualmente al asma, como el polen, los mohos (hongos), el epitelio de animal y los ácaros del polvo doméstico.

 
     
Test ACT: permite tener un conocimiento del nivel de control del asma en pacientes mayores de 12 años de edad mediante cinco sencillas preguntas.

Día Mundial Asma
   
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